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Encontrando el elefante dentro del sombrero.

  • 12 dic 2016
  • 3 Min. de lectura

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Igual esta historia debería iniciar de otra manera, quizá algo más clásico como los cuentos de antaño o más científico como las investigaciones. Sin embargo, creo que la mejor manera de empezar es desde que nació la idea. Un día entre abril y mayo apareció sin ser nombrada, solo llego. De repente estaba claro, tenía la oportunidad de ayudar. Después de darle un poco de cabeza las cosas iban tomando forma. El observar había dado frutos, alguno más dulces que otros. Estaba segura de que solo era necesario: parar. Al hacerlo me di cuenta de algunas carencias, dos que tres necesidades. Quizás una de las más grandes, la falta de resiliencia en la educación.


Este término que no terminaba de entender, se volvió rápidamente parte de mi vida. Sin darme cuenta estaba buscando definiciones en textos, cuentos, investigaciones e historias de personas. Cada vez tenían más sentido algunas de las interrogantes que rodeaban mi cabeza. Aun cuando las ideas comenzaron a volar alto, como las cometas en un día de viento ¿qué es la resiliencia?, ¿cómo se da en el salón de clases?, ¿cómo nos enseñan en nuestros hogares a ser resilientes?, entre otras dudas más que al verlas tan alto me confundieron. Hasta que fueron fácilmente resueltas por Boris Cyrulnik en “Los patitos feos”, un clásico que a través de varias historias nos lleva a entender que “una infancia infeliz no determina la vida” (Cyrulnik, 2001). Junto con él vinieron “Doce cuentos peregrinos” de Gabriel García Márquez, que en su introducción llevaban una herramienta que luego sería fundamental para el proyecto “La escritura se me hizo entonces tan fluida que a ratos me sentía escribiendo por el puro placer de narrar, que es quizás el estado humano que más se parece a la levitación. Además, trabajando todos los cuentos a la vez y saltando de uno a otro con plena libertad, conseguí una visión panorámica que me salvó del cansancio de los comienzos sucesivos, y me ayudó a cazar redundancias ociosas y contradicciones mortales” (García Márquez, 1992). Lo que volvió a la escritura el vínculo entre los miedos y el arte.


El objetivo estaba bastante claro, la motivación también, pero aún nos hacía falta diseñar una propuesta. Algunas conversaciones con los amigos volvieron más claro el panorama. Era obvio, se requería un proyecto. Por ello, poco a poco se fue dando las aventuras en el papel iban surgiendo. Desde el inicio fue una experiencia gratificante, la resiliencia se iba creando frente a mis ojos. Cada uno de los participantes iba aportando una idea que nos hacía entender como el arte podía crearse en palabras desde el día que uno de los estudiantes conecto su mente con la de un pintor a través de un cuadro contando el antes, durante y después de la obra en que sorprendió a todos con sus estremecedoras palabras de una relación tóxica incluso el artista sonrió al ver que ella fue capaz de comprender la esencia pura de aquel cuadro.

Por otro lado, otra de mis estudiantes fue capaz de explorar sus miedos más profundos mientras escriba sobre una situación límite curando la relación de amor-odio que llevaba con su hermana desde que el nacimiento de la misma casi le cuesta la vida a la madre de ambas. Es importante mencionar, las sorpresas que nos llevamos con estudiantes que iniciaron escribiendo cien (100) palabras y pensando que era un castigo para terminar el curso escribiendo largas composiciones en las que fueron libres de hablar disfrutando de la escritura. Encontraron en las palabras un instrumento que les permitía sanar las heridas emocionales que el tiempo, los miedos e incluso alguno que otro fantasma les había hecho a través el tiempo.


Desde lo más profundo de mi corazón y citando a Antoine de Saint-Exupéry en el Principito “He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos. —Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse” (Saint-Exupéry, 2003) en un mundo en el que la personas se valoran por cómo se ven mucho más que por sus ideas es un poco utópico creer que el trabajo emocional es necesario. Afortunadamente, muchos estamos aprendiendo a ver más con el corazón y menos con los ojos.

Bibliografía

Cyrulnik, B. (2001). Los patitos feos. Recuperado el 12 de Diciembre de 2016, de http://bibliotecaparalapersona-epimeleia.com/greenstone/collect/libros1/index/assoc/HASH01e0.dir/doc.pdf

García Márquez, G. (Abril de 1992). Doce cuentos peregrinos. (Sudamericana, Editor) Recuperado el 12 de Diciembre de 2016, de http://biblio3.url.edu.gt/Libros/12_cuentos.pdf

Saint-Exupéry, A. (Noviembre de 2003). El principito. Recuperado el 12 de Diciembre de 2016, de “La Biblioteca Virtual de la UEB”: http://www.agirregabiria.net/g/sylvainaitor/principito.pdf

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